Una joya invaluable… Sangha o la comunidad de practicantes

Desde hace unos días trato de dar forma a este regalo que tengo en mi vida que es poder compartir el trabajo interno con Maru. Para mí una relación de pareja estable es un espacio donde se da la oportunidad de crecer en muchos ámbitos, compartir proyectos y los diferentes momentos por lo que atravesamos en la vida… tanto los agradables como los desagradables. Aprecio mucho todo lo anterior de mi actual relación pero sin duda es una maravilla para mí, después de hacer una práctica meditativa, compartir con mi compañera sin miedo y sin la necesidad de impresionar, solamente verbalizar abiertamente mi experiencia sobre, por ejemplo, la meditación de la mañana mientras desayunamos. De este diálogo surgen muchas cosas que habían pasado desapercibidas con gran valor y nuevas formas para abordar y poner en práctica tanto en la práctica formal como en la vida cotidiana.

Así que aprovecho este regalo para hablar lo que para mí es uno de los aspectos mas importantes y enriquecedores de la sádhana (práctica espiritual): La Sangha, la reunión de un grupo de personas en torno una enseñanza o práctica espiritual en la búsqueda de su propia realización como seres humanos.

La comunidad de practicantes tiene como objetivo nutrirse mutuamente en los diferentes momentos que van sucediendo durante el caminar. También es de gran valor para comprender y profundizar en las enseñanzas y en la práctica misma y ha sido fundamental para preservar las enseñanzas en aquellos caminos en los que ha habido un legado de un maestro o maestra.

No es entonces de extrañar que en la gran mayoría de las tradiciones espirituales se conceda una enorme importancia a la comunidad de practicantes. Por ejemplo dentro del budismo existen lo que se denomina las tres joyas El Buda, el Dhamma y la Sangha. Me gusta mucho ese concepto de joya porque trae a la mente algo precioso, algo que cuidar, algo que tiene un gran valor… A este respecto el Buda citó la siguiente metáfora:

“La comunidad que propongo, la sangha, se semeja a un océano. De igual forma que los grandes ríos del mundo se vierten al océano, perdiendo sus diferencias  las personas que entran en la sangha, y escuchan mis enseñanzas y las aplican, dejan de ser brahmines, o gobernantes, o mercaderes o trabajadores, y vienen a ser todos miembros iguales de la sangha. Todas las diferencias desaparecen. Y de igual manera que el océano está inundado por el sabor de la sal, así mi enseñanza está llena del sabor de la libertad para desarrollar la propia vida de acuerdo a lo que uno desee”

A veces se tiene la imagen de que la comunidad de practicantes es algo numeroso o incluso que tiene que ocurrir en un entorno donde las personas que conformen la comunidad estén presentes. Pero ya lo dijo Jesús “Donde dos o más estén reunidos en mi Nombre, allí estaré Yo” (cfr. Mt 18, 15-20) y ahora con las nuevas tecnologías la reunión puede hacerse incluso virtualmente. Por ejemplo, en el último curso de Atención Plena que impartimos Maru y yo, dos de las participantes que vivían en lugares distantes decidieron poner una hora a la semana para meditar juntas y nos compartían como realmente experimentaban esa sensación de apoyo mutuo y pertenencia a un grupo.

Que cualquier persona que anhela su realización interna pueda siempre estar en compañía de otras personas con ese mismo deseo incluso cuando la reunión física no pueda darse. Que nadie se sienta solo.

Un abrazo,

Damián

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Y ahora que…

Alguien me comentaba el otro día una experiencia personal que le había ocurrido en el lugar donde trabaja que para mí tiene una gran enseñanza sobre como los pequeños gestos pueden desencadenar un gran cambio en el interior de una persona.

Esta amiga (a la que llamaré a partir de ahora Alicia) me relató como un día hace ya algún tiempo había tenido un altercado con uno de sus superiores. Ella se había sentido atacada y no había podido replicar porque cada vez que lo hacía esta persona le subía el tono y amenazaba. Desde entonces cada vez que mi amiga veía o tenía que tratar con esta persona lo hacía desde el distanciamiento, la frialdad e incluso desde el rencor. Algo así como “voy a facilitarte todo lo que me pides porque es mi trabajo pero no vas a recibir nada mas de mí”

No se si te resuena esta postura pero a mí si y es bastante incómoda. Cuando a mi me pasa siento un distanciamiento de la calidez de mi corazón y aunque me salgo con la mía (la indiferencia hacia la persona) eso no me reporta ningún beneficio a nivel interno… hay lucha, dualidad, dolor, en fin un montón de sensaciones que de agradables, placenteras o realmente benéficas no tienen nada.

Pero siguiendo con el cuento de esta persona… hace unos meses la pareja de este jefe empezó a trabajar en el mismo área y empezó a tener, por el puesto que desarrolla Alicia, una relación diaria donde saludaban e incluso intercambiaban bromas.

De repente, un día, cerca de las fechas navideñas esta mujer se acercó a mi amiga y le dijo: “Toma este es un regalo de mi marido y mío por lo bien que te portas con nosotros” Alicia se quedó de piedra “¿Cómo reaccionar ante este gesto de amor que le ofrecía la persona con la que estaba enfrentada?” No tuvo duda, bajó las barreras y recogiendo el regalo le dio las gracias con un corazón rebosante de amor y sorpresa.

Alicia me dijo que pasado ese momento inicial lo que más le impactó fue como crea escenarios internos donde hay distanciamiento, ideas desvalorizantes y emociones desagradables sobre la otra persona para después, pasado mas o menos tiempo, debido al trabajo personal o regalos como este, tener que desmontarlas .

No siempre tenemos la fortuna de que un regalo nos impacte de tal forma que vuelque nuestro entendimiento y haga restablecer la cordura y salud de nuestra alma. En mi caso, ese es uno de los grandes beneficios de la práctica regular de meditación. Favorecer, a través del contacto con nuestras emociones y sentimientos, la sanación de nuestra alma y por lo tanto con nuestro mundo interno y con el mundo que nos rodea.

Hoy con el pensamiento de escribir en el blog esta nueva entrada me encontré con un texto del maestro Thich Nath Hanh de su libro La Paz está en tu interior que para mí tiene que ver con lo compartido. Que lo disfrutes y que en esta navidad estés muy atent@ para recibir todos los regalos que hay preparados para ti.

“A veces es difícil dejar nuestro doloroso pasado atrás para vivir libremente y a gusto entre las maravillas de la vida presente. La luna y las estrellas brillan espléndidas, las montañas y los ríos son deliciosos, las cuatro estaciones se nos revelan por turnos; pero algunas veces no podemos estar en contacto con todo esto. Nos sentimos más cómodos en el sótano de los recuerdos dolorosos.
La liberación significa, ante todo, romper con la prisión de nuestro pasado. Hemos de reunir el valor necesario para alejarnos de la rutina de nuestras viejas y conocidas costumbres y comodidades. Esas cosas no nos aportan verdadera felicidad, pero nos hemos acostumbrado a ellas hasta tal punto que pensamos que somos incapaces de abandonarlas. ¿Por qué siempre hemos de volver a nadar en el mismo viejo estanque, aunque esté embarrado, simplemente porque es “nuestro”? ¿Por qué privarnos del lago cristalino, del refrescante mar azul con una playa que se extiende hacia un nuevo horizonte? Las alegrías de la vida no son menos “nuestras”! Hemos de practicar la atención plena para no dejarnos arrastrar hacia el pasado, atrapados en el limoso y viejo estanque de dolor, la nostalgia y el arrepentimiento.
Sabemos que la mente puede presentar esa tendencia de paloma mensajera a regresar siempre a las viejas y conocidas trampas del dolor y la tristeza. La plena consciencia (el reconocimiento) nos ayuda a suprimir la costumbre de rememorar el pasado de forma constante. Debes decirte a ti mismo: “No, no quiero volver a eso. No quiero seguir arrullándome en la melancolía con esas viejas canciones”. En cuanto encendemos la lámpara de la atención plena correcta, la atención plena incorrecta se retira. Al encender la luz, la oscuridad se disipa.
La meditación incluye el cultivo de la consciencia de formaciones mentales como la ansiedad, la tristeza, el auto-compadecimiento, el resentimiento, etc. Si reconocemos y acogemos esas formaciones mentales cuando se presentan, ya no podrán arrastrarnos con ellas. Desaparecerán, algo más débiles que antes, y volverán a su estado original de semillas o imágenes en la “conciencia almacén”

¿Miedo?… ¡Estás protegido!

“Paraspara Devo Bhava”

Esta fue la frase que escribí en una libreta que había en la cima de una vía ferrata que hice hace poco en el barranco del Berriel.

La experiencia de realizar esta aventura que mezcla deporte y naturaleza fue una oportunidad de ver cara a cara las limitaciones que impone el moverse en lo conocido, lo previsible, en definitiva en la zona de confort.

Como compartía con el grupo durante la reunión de meditación, para mí fue una sesión cargada de grandes enseñanzas y hermosas experiencias con la naturaleza.

Una de las primeras cosas que me regaló fue el paseo antes de llegar a la vía… el vuelo de cernícalos y aguilillas desplazándose suavemente  a través del cielo sin realizar esfuerzo alguno aprovechando las corrientes de aire sobre un terreno desértico y pedregoso en la que principalmente habitan principalmente cardones y tabaibas.

Una vez en el lugar donde íbamos a comenzar la vía esta me puso a prueba desafiando mi autoestima; diálogos internos que se repetían diciéndome que no lo podría hacer, que haría el ridículo… sin embargo todo esto cambió cuando cogí los primeros agarres y centré mi atención en cada movimiento. El pensamiento se detuvo y comencé a experimentar una de las cosas más gratificantes que me trajo esta aventura, llevar mi atención al momento presente. Cada pie y mano se tenía que mover con  precisión, fuerza suficiente y acompañado por el resto del cuerpo. Así que cuando surgía alguna indecisión respiraba profundo sentía el cuerpo y los agarres, volvía a observar el terreno y con una mente más calmada podía tomar la iniciativa del siguiente movimiento.

Poco a poco fuimos subiendo hasta llegar a un lugar de descanso, una cueva espaciosa en medio de la pared. Allí sentados a su sombra y observando desde una considerable altura el paisaje disfrutamos de un espectáculo maravilloso de la naturaleza. Miles de semillas de algunas plantas del lugar volaban de un lugar a otro buscando un sitio donde poder germinar. El silencio, la luz que entraba por la apertura de la cueva y la danza de estas diminutas semillas me dejó en un estado de silencio, maravilla y asombro.

Llegaba el momento de realizar la última parte de la vía y donde me encontré con uno de los mayores retos. Pegado a la pared apoyado con mis pies en un diminuto escalón de roca, con las manos cogidas a unas presas, miré hacia abajo. Una pared vertical, que a mí me pareció gigante, me separaba del suelo. En ese momento mi corazón empezó a latir fuerte, la mente se disparó y empezaron a brotar un montón de miedos. Decidí allí colgado seguir en contacto con esta emoción, no pasar sobre ella o negarla… ¡mucho menos ser dominada por ella, no había forma de volver atrás! Tras unos segundos mi mente irracional empezó a calmarse y dejó paso a unas palabras que surgían desde lo profundo de mí ser… “Estás protegido”.

Evidentemente las palabras tenían que ver con que estaba bien asegurado y acompañado por un grupo de personas que sabían lo que hacían, pero en un sentido más amplio y profundo me transmitían que en la vida también estaba protegido. Protegido no a lo mejor de lo que mi mente piensa que tiene que ocurrir, sino de que la vida me está dando a cada momento lo que necesito para ir experimentando mi naturaleza más profunda y la del mundo que me rodea. Si, a veces es retador, otras veces no existe por olvido o por incapacidad la posibilidad de poner en práctica esta enseñanza, pero la verdad para mí es que todas las personas, como los ríos hacia el océano, fluimos hacia la experiencia de que somos Conciencia.

Antes de terminar esta entrada me gustaría que las personas que se animen a realizar una vía ferrata lo hagan siempre acompañadas, con personas que tengan experiencia y con los materiales imprescindibles (casco, arnés, disipadores de caída, ropa adecuada, bebida y algo de comer).

Una última cosa, la vía que hicimos se llama Jesús Beitia. Lleva el nombre de la persona que la equipó. Lo que más me sorprendió es que esta persona lo hizo pagándolo de su bolsillo… ¡cuánta generosidad!… ¡Muchas gracias!

Ojalá que podamos aprovechar las oportunidades que nos da la vida, a veces tomadas de forma voluntaria y otras involuntaria, para estirar siempre esta zona de confort y recordar que allá donde estemos y cualquier cosa que nos pase está bien y es perfecta.

Un abrazo,

Damián

El sentido de la vida es … ¡vivir!

“Paraspara Devo Bhava”

En la última sesión del grupo de estudio salió el tema del sentido de la vida. Hubo reflexiones muy interesantes y profundas como: “Es la mente la que intenta encontrar el sentido de la vida” o la que compartió una persona citando a Ekhart Tolle “No tienes una vida eres la vida misma”.

Yo compartí la experiencia que tuve unos meses atrás durante un retiro. Era el segundo día y me sentía confuso. Entré dentro de una dinámica donde me cuestioné el sentido de estar en el retiro haciendo todas esas prácticas durante tanto tiempo. Esa desazón viajó hacia la vida en si misma; ¿Cuál es el sentido de todo esto? ¿Cuál es el sentido de mi vida?

Con este incendio interior, inquieto y revuelto, decidí ir a caminar a la naturaleza. Me senté en un lugar donde se divisaban unas hermosas vistas y hacía bastante calor. De todo el paraje que me rodeaba me llamó la atención un árbol. Era más bien pequeño y aparentemente frágil. El viento soplaba moviendo sus ramas y hojitas de un lado para otro.

Lo miré e internamente de forma espontánea surgió la pregunta: ¿Cuál es el sentido de la vida? La respuesta no tardó mucho en llegar… “La vida no tiene sentido”

Yo estaba totalmente sorprendido. Si hubiera recibido otro tipo de respuesta podía haber creado una argumentación, una pelea, algo con que rebatirlo o incluso filosofar. Pero esa afirmación me dejó desarmado, fue como un koan, donde la persona se tiene que desligar del pensamiento racional para poder comprender la esencia del mensaje.

A continuación seguí escuchando: “la vida fluye a través de mí y me dejo llevar. Cuando el viento sopla me muevo a su compas, cuando una parte de mi crece la dejo crecer, cuando una parte de mi quiere morir la dejo que muera, no hay lucha… solo fluir”

La experiencia me dejó silencioso internamente y con un profundo entendimiento. ¡Con mucho trabajo para mi día a día! Porque es todo un reto estar en contacto con esta enseñanza “la vida es aceptar cada momento como es y fluir con ella”; quizás por esta tendencia personal a querer controlar el destino o la fantasía de que yo puedo construir un mundo donde solo se tengan que vivir las cosas agradables. Pero independientemente de cual sea el motivo está claro que hasta ahora caminar por la senda que he andado no ha servido de mucho y que la enseñanza del árbol trae mucha más paz y plenitud ¡aunque no tenga sentido!

Me despido con un guiño a mi hermano que con frecuencia me repite la famosa frase de Bruce Lee:
Be water my friend!

Un abrazo,
Damián

Esfuerzo voluntario

“Paraspara Devo Bhava”

Hace unos días asistí a un taller de crecimiento personal con una psicóloga/terapeuta que aprovecho para dar su nombre: Carmen Rosa Pérez Marrero (reconociendo la labor que está haciendo y contribuyendo de esta forma con mi granito de arena. Por si hay personas que necesiten ayuda terapéutica sepan que pueden confiar plenamente en ella).
La verdad es que fui sin muchas ganas… ¡sin ninguna! Lo único que me impulsaba a ir era el compromiso con el grupo. Arrastrándome salí de casa con un día espectacular, el mar en calma que me decía “ven a pegarte un bañito” y conduje hasta donde se realizaba el curso que es bastante lejos de donde vivo. ¡Suficientes motivos para no haber ido! ¿o no?
Una vez allí Carmen Rosa nos animó a hablar sobre como nos sentíamos y casualmente en ese día varias de las personas compartimos el mismo sentimiento de resistencia a acudir al taller. Fue entonces cuando nuestra terapeuta nos mencionó las palabras que dan título a esta entrada “Esfuerzo Voluntario”. Compartió lo importante que es, desde la propia decisión personal, hacer estos esfuerzos porque nos ayudan a cimentar nuestra fortaleza interna y posteriormente, no solo nos pueden beneficiar en la consecución de objetivos sino en la propia autoestima al reconocer que somos capaces de conseguir esas metas.
Cuando me ocurrió esta experiencia me decidí a escribir esta entrada porque dentro de la práctica de la meditación el esfuerzo voluntario es fundamental para poder “avanzar” en el camino del reconocimiento de nuestra naturaleza.
Una maestra espiritual llamada Swami Chidvilasananda dijo: “Permanecer a flote en la alegría requiere de un esfuerzo constante. Nirantara prayatnah, esfuerzo constante” Algunas personas que se acercan al camino espiritual o en diferentes momentos de la trayectoria de los que ya practicamos, tenemos la idea que con practicar durante un tiempo más o menos largo ya conseguiremos esa ansiada libertad interior que se promete cuando entramos dentro de una vía de descubrimiento interno. Quizás estemos influenciados por la sociedad en la que vivimos inmersos donde se nos transmite constantemente que el dinero o el esfuerzo (no voluntario sino impuesto o autoimpuesto) pueden conseguirlo todo, sin darnos cuenta que el mundo interno tiene su propio ritmo para desarrollarse y mostrar toda su belleza.
A veces tardamos en caer en la cuenta, como dice esta maestra, que la práctica es un esfuerzo constante en el tiempo para abonar lo obtenido y que si no se sigue realizando podemos llegar a pensar “que hemos perdido lo obtenido” o que “esto de la meditación no es para nosotros” creando mucha frustración, sensación de sin sentido y hasta sufrimiento. De hecho todos los maestros y maestras coinciden que el “camino espiritual” es algo que dura toda la vida… incluso cuando se ha obtenido esa llamada Realización.
Me he dado cuenta de que, además de permanecer o conectar con esta belleza interna cuando realizo este esfuerzo constante y voluntario, se produce un efecto de equilibrio en mi vida; es como si en los momentos difíciles estuviera disponible una fuerza o una inteligencia interior que me ayudara a sobrellevar esos momentos sin tanta dificultad. Incluso tengo la sensación de que se van acortando cada vez más.
Por último, pero no menos importante en el tema del esfuerzo voluntario, es recordar la intención de aquello con lo que estoy involucrado. Aparte de darme fuerzas para afrontar la situación, me ayuda a reconocer al final del esfuerzo, los logros obtenidos.
Por ejemplo en el caso que comentaba al principio cuando terminé la sesión me sentía mucho más ligero, con mayor entendimiento y ¡con una entrada nueva para el blog!
Que podamos disfrutar del esfuerzo continuado y reconocer sus bendiciones.
Un abrazo,
Damián

Tu enemigo es tu verdadero Maestro…

“Paraspara Devo Bhava”

Cierto día, en un antiguo monasterio, un monje llamado Kai fue a meditar temprano en la mañana como solía hacer. Normalmente estaba acompañado de otros monjes pero ese día en concreto, extrañamente, se encontraba solo

Cuando llevaba un ratito sentado empezando a saborear la quietud de su mente entró Al, otro monje que también iba a realizar su práctica personal. Este llevaba un gran libro con escrituras que tenía que memorizar antes de cerrar sus ojos y sumergirse en la experiencia interna.

Con gran diligencia y concentración Al empezó a pasar las hojas del texto mientras que en Kai comenzó a moverse una energía de malestar. ¡Uhmm, cuando va a terminar de pasar las hojas! ¿Es que no ve que yo estoy meditando? Así, poco a poco, la temperatura interna de Kai comenzó a subir.

No quería hablar porque estaba en un recinto sagrado y tampoco quería romper su meditación con el hablar, así que decidió recoger su manta de meditación e irse a una sala contigua que en ese momento se encontraba vacía. Se sentó, tomo su postura y siguió meditando. Aunque había cambiado de lugar y ya no había nada en el exterior que le molestara el sentimiento de enfado seguía creciendo.

Recordó la importancia de observar, llevar la respiración al lugar donde estaba ocurriendo la experiencia interna y sonreír. Al principio fue muy difícil mantener esa postura porque la energía del enfado se movía muy fuerte entre diferentes órganos internos como el estómago o los intestinos, subiendo por la zona del pecho.

Le vino a la mente una enseñanza que había dado su Maestro sobre la compasión que decía “Tus enemigos son tus verdaderos maestros porque te hacen desarrollar las virtudes del amor y la compasión” Así que Kai tenía por delante una oportunidad de ejercitar la compasión y no solo por su compañero sino por sí mismo porque se daba cuenta que todo ese enfado a quien realmente estaba perjudicando era a sí mismo.

Comenzó a reflexionar que el mismo muchas veces, de manera consciente o inconsciente, había molestado/perjudicado a otras personas y seres vivos. Bajo esta mirada la compasión empezó a surgir naturalmente, ¿si yo soy consciente de que soy un ser imperfecto como puedo exigirle a otro ser humano ser perfecto?. Sorprendentemente también comenzó a surgir un perdón genuino hacia sí mismo, un aflojar su inclinación al perfeccionismo que tanto daño le hacía.

La reflexión había llevado su práctica hacia un estado de apertura, serenidad, compasión y… ¡gratitud hacia su compañero! Reconoció que nadie nos hace enfadar sino que nos conecta a nuestros estados internos de ira, a veces muy, muy inconscientes. No se lo podía creer, ¡las palabras de su Maestro se habían vuelto vivas para él!.

La siguiente vez que los dos monjes se vieron, Al le preguntó: “Siento lo del otro día ¿Te molesté? Y Kai le respondió: “No… me molesté”. Después Kai le contó cómo había sido su experiencia, le agradeció profundamente su presencia y terminaron dándose un profundo y sentido abrazo.

“Dalai Lama: Una vez conocí a un monje anciano que había vivido durante años en un campo de concentración chino. Quise saber cuál había sido su experiencia durante ese tiempo así que le pregunté ¿Cómo fue tu experiencia en el campo de concentración? El anciano me respondió “en ocasiones tuve mucho miedo”. Me pareció totalmente natural así que le dije; claro, tenías miedo de que te castigaran o te mataran ¿no? Y la respuesta del anciano fue: “No, no, de lo que tenía miedo era de perder la compasión por los soldados chinos”

Del documental “Los yoguis del Tíbet”

Un abrazo grande para ti,

Damián

Las reacciones ante la presencia de un grillo en el trabajo

“Paraspara Devo Bhava”

Una de las cosas que me gustan donde trabajo es que el edificio está rodeado de naturaleza. Algunas veces se cuelan animalillos dentro y mientras se va acercando el verano los grillos parecen cogerle cariño al lugar.

Hoy amanecimos con la presencia de un grillo en uno de los cuartos de la entrada del edificio. Estos animales difíciles de encontrar, pues en cuanto te escuchan se callan, parecen incansables en su melodía que causa multitud de respuestas divertidas entre las personas.

El grillo no deja indiferente a nadie, desde los que no les gusta absolutamente su sonido (rectifico, estas personas dicen ruido), pasando por los chistes que se pueden hacer, hasta los que como yo aprecian ese sonido rítmico y constante que me conecta con la naturaleza.

Me gusta cerrar los ojos y pensar que estoy mirando el cielo estrellado junto a mi compañera… ¡Qué sensación más agradable! Así surge en mí una enorme gratitud por ese animalito tan pequeño pero que tanto se hace notar.

Y esta mañana en concreto, esta situación me llevó a contemplar la similitud con tantos aspectos de la vida y de la práctica donde la situación es valorada por mis juicios que hacen que se deforme dándole un matiz negativo o de repulsa.

El grillo ha parado de cantar… ahora vuelve a quedar el sonido continuo, mecánico y sin vida de las máquinas que hay en el edificio… algunas personas vuelven a respirar.

Un abrazo para ti,

Damián

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