¿Miedo?… ¡Estás protegido!

“Paraspara Devo Bhava”

Esta fue la frase que escribí en una libreta que había en la cima de una vía ferrata que hice hace poco en el barranco del Berriel.

La experiencia de realizar esta aventura que mezcla deporte y naturaleza fue una oportunidad de ver cara a cara las limitaciones que impone el moverse en lo conocido, lo previsible, en definitiva en la zona de confort.

Como compartía con el grupo durante la reunión de meditación, para mí fue una sesión cargada de grandes enseñanzas y hermosas experiencias con la naturaleza.

Una de las primeras cosas que me regaló fue el paseo antes de llegar a la vía… el vuelo de cernícalos y aguilillas desplazándose suavemente  a través del cielo sin realizar esfuerzo alguno aprovechando las corrientes de aire sobre un terreno desértico y pedregoso en la que principalmente habitan principalmente cardones y tabaibas.

Una vez en el lugar donde íbamos a comenzar la vía esta me puso a prueba desafiando mi autoestima; diálogos internos que se repetían diciéndome que no lo podría hacer, que haría el ridículo… sin embargo todo esto cambió cuando cogí los primeros agarres y centré mi atención en cada movimiento. El pensamiento se detuvo y comencé a experimentar una de las cosas más gratificantes que me trajo esta aventura, llevar mi atención al momento presente. Cada pie y mano se tenía que mover con  precisión, fuerza suficiente y acompañado por el resto del cuerpo. Así que cuando surgía alguna indecisión respiraba profundo sentía el cuerpo y los agarres, volvía a observar el terreno y con una mente más calmada podía tomar la iniciativa del siguiente movimiento.

Poco a poco fuimos subiendo hasta llegar a un lugar de descanso, una cueva espaciosa en medio de la pared. Allí sentados a su sombra y observando desde una considerable altura el paisaje disfrutamos de un espectáculo maravilloso de la naturaleza. Miles de semillas de algunas plantas del lugar volaban de un lugar a otro buscando un sitio donde poder germinar. El silencio, la luz que entraba por la apertura de la cueva y la danza de estas diminutas semillas me dejó en un estado de silencio, maravilla y asombro.

Llegaba el momento de realizar la última parte de la vía y donde me encontré con uno de los mayores retos. Pegado a la pared apoyado con mis pies en un diminuto escalón de roca, con las manos cogidas a unas presas, miré hacia abajo. Una pared vertical, que a mí me pareció gigante, me separaba del suelo. En ese momento mi corazón empezó a latir fuerte, la mente se disparó y empezaron a brotar un montón de miedos. Decidí allí colgado seguir en contacto con esta emoción, no pasar sobre ella o negarla… ¡mucho menos ser dominada por ella, no había forma de volver atrás! Tras unos segundos mi mente irracional empezó a calmarse y dejó paso a unas palabras que surgían desde lo profundo de mí ser… “Estás protegido”.

Evidentemente las palabras tenían que ver con que estaba bien asegurado y acompañado por un grupo de personas que sabían lo que hacían, pero en un sentido más amplio y profundo me transmitían que en la vida también estaba protegido. Protegido no a lo mejor de lo que mi mente piensa que tiene que ocurrir, sino de que la vida me está dando a cada momento lo que necesito para ir experimentando mi naturaleza más profunda y la del mundo que me rodea. Si, a veces es retador, otras veces no existe por olvido o por incapacidad la posibilidad de poner en práctica esta enseñanza, pero la verdad para mí es que todas las personas, como los ríos hacia el océano, fluimos hacia la experiencia de que somos Conciencia.

Antes de terminar esta entrada me gustaría que las personas que se animen a realizar una vía ferrata lo hagan siempre acompañadas, con personas que tengan experiencia y con los materiales imprescindibles (casco, arnés, disipadores de caída, ropa adecuada, bebida y algo de comer).

Una última cosa, la vía que hicimos se llama Jesús Beitia. Lleva el nombre de la persona que la equipó. Lo que más me sorprendió es que esta persona lo hizo pagándolo de su bolsillo… ¡cuánta generosidad!… ¡Muchas gracias!

Ojalá que podamos aprovechar las oportunidades que nos da la vida, a veces tomadas de forma voluntaria y otras involuntaria, para estirar siempre esta zona de confort y recordar que allá donde estemos y cualquier cosa que nos pase está bien y es perfecta.

Un abrazo,

Damián

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